China al asalto de Europa, por Heriberto Araujo y Juan Pablo Cardenal
El avance de la nueva potencia económica en algunos ámbitos estratégicos produce una gran preocupación, pero la necesidad de liquidez fuerza a determinados países a desentenderse de sus recelos iniciales.
En un nuevo golpe de efecto diplomático, China ha exhibido una vez más su poderío financiero ante un mundo que continúa empantanado por la crisis. El pasado lunes, en el marco de la cumbre del G-20 celebrada en México, Pekín propuso una aportación adicional de 43.000 millones de dólares al Fondo Monetario Internacional (FMI), en lo que sin duda supone un nuevo gesto de que el gigante está dispuesto a contribuir a sacar a Europa y al mundo occidental de su parálisis económica. Una ayuda que, sin embargo, no está dispuesta a prestar a cualquier precio.
Ese ha sido, de hecho, el discurso que China ha articulado en los últimos meses, desde el recrudecimiento de la crisis en el Viejo Continente. Y quedó convenientemente contrastado, por ejemplo, cuando el primer ministro chino, Wen Jiabao, desplegó en febrero ante Herman Van Rompuy y José Manuel Durao Barroso un discurso rotundo, firme e inflexible, mientras sus homólogos europeos trataban en vano de complacer al emperador mandarín. En ese teatro diplomático se escenificó el cambio de rumbo que desde el estallido de la crisis ha tomado la relación entre China y el Viejo Continente. (El País, 20.6.2012)



















