Metidos ya en el terreno de las alusiones y utilizando aquello del derecho a la palabra por alusiones, como miembro desde hace 35 años de la institución universitaria y por respeto a la veracidad, la libertad de cátedra y el conocimiento científico de la realidad he de manifestar mi desacuerdo y profunda preocupación ante las iniciativas de concordia y cínico flirteo entre el Ayuntamiento y mi universidad. ¡¡Ojalá Universidad y Ayuntamiento pudiéramos trabajar juntos con libertad y seriedad!!.
Rita Barberá quiere que La Universidad sea abierta y universal y forme parte del Plan Estratégico de la Ciudad (LMV 14-5-2010, p.17). Dejando a un lado la duda razonable de la seriedad metodológica y práctica del dichoso Plan, cuando y donde quiera, pero con luz y taquígrafos y libertad de crítica. Que nuestra alcaldesa se alegre de la llegada del equipo de Morcillo porque, en su opinión, marca el fin de un periodo que ha sido bastante estéril para la sociedad valenciana (de nuevo, LMV 14-05-2010, p.17) es un comentario improcedente, interesado y falso. Mi Universitat seguirá siendo una Universitat y no un acólito de intereses espúreos y sectarios. Si, como manifiesta sin rubor, (LMV 14-5-2010, p.4) quiere seguir siendo alcaldesa para erigirse en valladar para que no entre el PSOE (podía haber elegido fortaleza inexpugnable o alcázar), perfecto, pero sin la legitimación de la Universitat que no tiene porque devenir ariete de tan elevados propósitos.
Finalizaré mi turno de intervención por alusiones (en este caso por delegación paterna desde el nicho) con un ejercicio de terapia necesaria: me siento no solo aludido sino profunda y personalmente enojado por el tristísimo espectáculo que hemos vivido a cuenta de Baltasar Garzón. Mi padre fue huésped de honor del campo de clasificación de Miranda de Ebro, se puso de buen color en el Batallón de Fortificaciones de Algeciras , se solazó mirando a las enfermeras que le cuidaban una casual pulmonía doble y después de repetir la mili en Valladolid, permaneció con los labios sellados hasta el día de su muerte. A muchos otros les fue bastante peor. Por mi padre y por todos ellos he sentido mucha vergüenza ajena y la imperiosa necesidad - vistas las circunstancias- de echar mano de un protector gástrico en este caso de efecto rápido y contundente. ¿Se puede ser más cínico y retrógrado?.¿Hemos de soportar que al abogado de la acusación- de extrema derecha- se felicite de que nadie está encima de la ley?. Si las familias localizan a sus familiares en las fosas comunes- y lo tienen difícil-, ¿han de dar las gracias a sus asesinos y olvidarse de esa tontería de los crímenes contra la humanidad?.¡¡Qué miedo le tienen a la historia!!. ¿Para cuándo una reforma del poder judicial que prime la independencia de criterio y la ausencia de tics ideológicos manifiestos?. Que caiga sobre sus conciencias (cada uno que se adjudique su parte del pastel) su complicidad ante tanta tropelía.
Como puede ver el lector, de alusión también se vive. Acostumbrados a movernos en ambientes cuasi anaerobios (o sea, con gran escasez de oxígeno), al final hasta las rendijas semánticas son útiles para resistir.



